Editorial

Con Cristo, todo es posible – incluyendo el perdón

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El 2 de octubre un jurado de Texas sentenció a la ex oficial de policía Amber Guyger a diez años de prisión por el asesinato de Botham Jean, su vecino afroamericano, a quien ella mató pensando que era alguien que se había metido a su apartamento. El juicio y la sentencia no evadieron la controversia. Los que protestaron dijeron que el veredicto fue un poco severo. Si hubiera sido un afroamericano el que cometió la ofensa, ¿Hubiera sido similar la clemencia?

Después de los alegatos de que Guyer hizo acerca de comentarios raciales, el enojo se convirtió en rabia. ¿Tuvo la familia de Botham o el mismo, justicia, o el jurado fue tan miope que no vio los prejuicios de este caso? Muy pocos, si algunos, estuvieron dispuestos a proveer respuestas adecuadas a este caso tan irracional. Esto fue hasta que Brandt, habló. “Yo te perdono”, le dijo Brandt a Guyger. “Quiero lo mejor para ti… y lo mejor es que le des tu vida a Cristo”. Notablemente para cualquier valor judicial, él se paró y la abrazó. Nada se compara con el valor de esas palabras que salen de la boca de un verdadero cristiano. Como lo reiteró la madre de Botham, el perdonar no disculpa la necesidad de una responsabilidad real, ni la justicia ni la necesidad de luchar en contra de la desigualdad racial. Hay debates y méritos en este caso acerca de la incapacidad del sistema de justicia criminal. Pero mientras se debaten los cambios, hay mucho por sanar. Brandt le recordó a Guyger y al mundo que lo vio, que con Cristo, todo es posible. El amor siempre vence. La tensión racial y la entropía política que sumergen al país, solo encontrará la sanación si escuchamos las palabras de Mr. Jean. El perdón es real. El perdonar es posible. No hay excepción para el amor de Dios.