La Imitación de Cristo

¿A quien estás alimentando?

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Tal vez has escuchado una parábola nativa norteamericana de un abuelo que caminaba junto a su nieto adolescente quien, como todo joven, luchaba por discernir un propósito en la vida y buscaba los valores que lo guiaran.
“Abuelo”, le dijo el muchacho, “Siento que tengo dos lobos dentro de mí. Uno que es fuerte y enojado; y el otro que es noble y pacífico. Por favor dime, ¿quién de los dos ganara? El viejo sabio contesto, “Al que tu alimentes”.
Esta historia me viene a la mente en estos tiempos cuando hay tanto enojo, tantas palabras hirientes en nuestra nación y cultura, en nuestra Iglesia y comunidad.
Algunas veces la división aparece aun en nuestras propias familias, confundidos en discusiones durante la cena hablando de política o de otras cosas, opiniones personales. Pareciera que el lobo feroz está ganando.
Y la división es un problema que necesitamos tomarlo en serio. Si lo dejamos así, puede causar la muerte de la democracia y una división en una comunidad de fe y una dolorosa separación con los que amamos. Nos estamos dando cuenta que este es un nuevo problema. San Pablo se dirigió a nosotros en aquel tiempo: “No hagan nada que entristezca al Espíritu Santo…alejen de ustedes toda pasión y enojo, palabras hirientes y llenas de malicia de toda índole. Mejor sean buenos unos con otros, compasivos, y perdónense mutuamente, así como Dios los ha perdonado por medio de Jesucristo”. (Efesios 4:30-32).
Como dijo el abuelo, el lobo que va a ganar, es el que tu alimentes, en otras palabras, las emociones que sentimos, las palabras que decimos, y las decisiones que tomamos son intencionadas. Nosotros tenemos el poder de decidir cómo vamos hablar y como vamos a actuar, sabiendo que nuestras acciones, tienen consecuencias. Nosotros podemos construir o derribar.
Todo esto no es para negar todo lo bueno que hay, pero tenemos la obli-gación de hablar con la verdad y confrontar la actividad inmoral.
Jesús lo hizo, algunas veces con palabras fuertes.
Pero nosotros sus discípulos imperfectos, no podemos compararnos con él. Tenemos que actuar, cambiar nuestro mal temperamento con prudencia, nuestra soberbia con humildad y nuestra ira con caridad. Imitar a Cristo requiere de esto.
Algo para pensar: en sus pensamientos, palabras y obras, ¿a qué lobo estas alimentando- el feroz, el enojado, o el pacífico?