Nuestra Señora de Guadalupe, símbolo de esperanza y renovación

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La devoción mariana más popular entre los católicos estadounidenses hoy en día es la devoción a Nuestra Señora de Guadalupe. Es la devoción mariana más conocida en el continente americano y quizás la imagen religiosa más venerada en todo el mundo.

Pudiésemos decir que la admiración a esta devoción se debe al crecimiento rápido de los hispanos en nuestro país, quienes constituimos cerca de la mitad de todos los católicos estadounidenses. Sin embargo, la Virgen de Guadalupe tiene un lugar especial en los corazones de los católicos de toda cultura, raza y estatus social.

La primera vez que me encontré con Nuestra Señora de Guadalupe fue cuando era niño y escuché la historia de sus apariciones. El texto es hermoso y encantador. Es una historia en la cual lo humano y lo divino se entretejen con gran naturalidad al estilo de las historias bíblicas.

Una mujer, "la Señora del Cielo", se aparece a un indígena llamado Juan Diego en el año 1531. Ella le trata con amor y respeto, algo que los conquistadores negaban a su pueblo en un momento de mucha violencia y sufrimiento. Aunque él la escucha, se siente poco digno de sus palabras y de las tareas que le encarga.

Ella le insiste que sea su mensajero ante las autoridades eclesiales del momento. Él duda de sí mismo; ella le afirma. Él se esconde; ella le busca de nuevo. Él parece no entender por qué ella le escogió; ella insinúa que no tiene que entenderlo todo.

Después de interactuar varias veces con palabras serenas y amorosas, él acepta. Ella quiere un templo. Él lleva el mensaje. Al final su deseo se cumple. Mientras tanto una señal divina tiene lugar. La imagen de una mujer joven, encinta y con rasgos indígenas se imprime milagrosamente en su tilma. Ella se quedó con él. Ella está con nosotros.

La historia contiene todas las características de un verdadero drama. ¡Un drama cristiano; uno de los primeros en el continente del que tenemos un testimonio escrito! Como en el caso de la gran narrativa cristiana, al final los pobres son exaltados, los oprimidos encuentran libertad, la vida vence a la muerte, la esperanza conquista la aflicción.

No cabe duda de que estas características, todas presentes en la historia de las apariciones de Nuestra Señora de Guadalupe, explican por qué millones y millones de personas han hecho suya esta devoción. Ellas se hacen vida en el contexto de nuestra experiencia diaria. Todos somos Juan Diego en algún momento.

María de Guadalupe es un símbolo poderoso de esperanza. He visto esto en la manera en que muchos católicos se acercan a la historia y veneran la imagen. Ella nos recuerda que no importa qué tan difícil la vida puede ser, Dios no nos abandona. Dios ama a los pobres y a los afligidos. Su cuerpo en embarazo es el santuario que guarda la esperanza última de Dios para la humanidad: Jesucristo.

María de Guadalupe es un verdadero símbolo de renovación. Al momento de sus apariciones, según nos cuenta la narración, diversos pájaros preciosos cantaban y flores hermosas brotaban en una época del año en que no se esperaban. En la tradición Nahuatl, la presencia de flor y canto apuntaban a una revelación divina: una nueva creación. Por medio de ella, Dios comunicaba un nuevo comienzo en el que la justica, la amistad y el amor habrían de prevalecer.

No cabe duda de que el 2020 fue un año difícil. La pandemia nos trajo enfermedad, dolor, aislamiento, desesperanza e incluso muerte. Las tensiones sociales recientes abrieron heridas sin sanar causadas por el racismo, recordándonos de nuevo que esta iniquidad seguirá con nosotros hasta que realmente le confrontemos de una vez por todas. Nuestras comunidades sufren el dolor de la división mientras que nuestro sistema político pasa por el crisol de pruebas sin precedente.

Dios sabe que necesitamos esperanza y renovación. Es por ello que pongo mi mirada primero en Jesús, y haciendo esto giro mi mirada hacia la Virgen de Guadalupe. Tal como le prometió a Juan Diego, ella nos acompaña. De eso tengo la certeza.

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Ospino es profesor de teología y educación religiosa en Boston College.