Rincón de la Familia

Promesas, que valen la pena convertir en hábitos

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Al comenzar el Año Nuevo, siempre hacemos algunas promesas como bajar de peso, ganar más dinero, cambiar algo, en fin; casi siempre promesas basadas en cosas materiales o en nuestros deseos y anhelos.
Sin embargo las circunstancias en la que nos encontramos hoy, todavía lidiando con los desafíos de la pandemia un año después, nos dan una perspectiva diferente y nos motiva a reevaluar nuestras prioridades.
En nuestra casa una de esas prioridades ha sido tener una mayor y más consistente oración en familia. Desde varios meses que ya estamos realizando todas las noches un Rosario en familia, orando por nuestros amigos, familiares, compañeros de trabajo y por las necesidades de cada uno de nosotros.
Dicen que cuando te propones hacer algo y pasas los 21 días ya poco a poco lo que haces, se va convirtiendo en un hábito y es importante convertir nuestro deseos y aspiraciones en hábitos y ¿qué mejor, que sean hábitos que nos lleven ser mejores personas y a estar más cerca del Señor?
El rezo del Rosario en familia es algo poderoso y te da la oportunidad de tener un tiempo juntos, de compartir tus preocupaciones, lo que está pasando por tu mente, con tus seres queridos y juntos poner todo eso en las manos del Señor por la intercesión de nuestra madre María santísima. Es bonito rezarlo con todos los miembros de la familia haciendo peticiones y tomándose turnos dirigiendo cada década.
Otro hábito que hemos tratado de desarrollar en nuestro hogar es el de una alimentación más sana y balanceada.
Ya es cosa del pasado los tiempos en que comprábamos muchas conocidas, soda y comidas procesadas. Poco a poco hemos ido desarrollando dietas más saludables y en lo personal añadiendo un poquito de ejercicio aunque con limitaciones de tiempo sacando 40, 45 minutos todas las noches para caminar con la perrita y llegar por lo menos a la mitad o más de mi meta diaria de 10,000 pasos.
En ese tiempo de caminar aprovecho de escuchar música de alabanza, y cosas que inspiran y que te acercan al Señor.
Hace un poquito más de un año me encontraba un poco delicado de salud estaba aumentando de peso, estresado, con el colesterol muy alto y la presión sanguínea a niveles muy peligrosos.
Los cambios en hábitos, aumento en la actividad física, alimentación saludable, meditación y eliminar el estrés en la medida de lo posible, me llevaron en un año a mejorar mi salud y no podía ser en un mejor momento ahora que me acaban de dar la hermosa noticia de que voy a ser abuelo.
Éste ha sido un año muy desafiante no sólo con el COVID-19, sino también en los círculos sociales y políticos donde hay tantas personas de ambos extremos del pensamiento político, que se han dejado llevar por posiciones muy extremas, llenando de resentimiento y odio sus corazones.
La Iglesia no ha sido ajena a esos desafíos y también alguno de nuestros hermanos y líderes también han sido arrastrados por controversias políticas y eso se ve reflejado en lo que escriben y comparten.
Aunque yo y mi familia tenemos posiciones muy claras precisamente en temas de vida y familia, siempre hemos pensado que más vale encender una vela, que maldecir la oscuridad o como lo expresaba el Doctor Martin Luther King Jr; “No podemos combatir la oscuridad con más oscuridad sino con luz; y no podemos combatir el odio con más odio, sino sólo con amor”.
De esta forma tal vez una buena resolución en este nuevo año sería practicar más la regla de oro de tratar a los demás como queremos ser tratados. Así pues antes de decir algo públicamente, o escribir algo en nuestro medios sociales o compartir algo que otras personas han escrito tal vez hacernos esa pregunta de si lo que estamos diciendo o haciendo ¿ayuda a que promovamos la paz, o llevemos un poquito más de luz en la oscuridad o expresé amor en vez de odio? Podríamos preguntarnos también:
¿Qué haría, diría o escribiría Jesús?