El Padre Luft amigo y servidor de la comunidad Hispana fallece después de 9 años de retiro y 44 años de servicio

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PROVIDENCE- El Padre Raymond Luft de la Parroquia Nuestra Señora de Monte Carmelo de Providence, se jubilará en Julio después de 54 maravillosos años en el ministerio pastoral debido a su condición de salud.  En este artículo podremos conocer más de cerca parte de su vida y su maravillosa labor ministerial.

El Padre Raymond nació en 1942 en Warwick, Rhode Island. Es el hijo del médico Raymond Luft y Saidy Sweeney. Los esposos Luft tuvieron 3 hijos: William, Eric, Q.P.D y Raymond, el menor. Su padre murió cuando él tan solo tenía 2 años de edad. De niño su familia asistía a la Parroquia de San Williams donde tuvo muy gratos recuerdos de su párroco. “El Padre Kelley era muy bueno conmigo; me dio mi primer trabajo que consistía en asegurar las puertas de la iglesia cada noche y encargarme que las vestiduras sacerdotales estén en su lugar. Yo ganaba 2 dólares… y para mí eso era bastante”.

Se educó en la escuela pública hasta el 7mo grado, pero en el 8vo grado fue trasladado a la escuela católica de San Mateo en la ciudad de Cranston. Fue en este tiempo que comenzó a meditar en lo que quería ser de grande. “Al principio pensé en seguir los pasos de mi padre, pero mientras pasaba el tiempo mi mente y corazón empezaron a centrarse más en el sacerdocio, así que decidí solicitar mi admisión a la escuela secundaria del seminario en el cual luego fui aceptado. Cuando mi madre supo la noticia estaba muy contenta y orgullosa por lo que había decidido. A mis hermanos la noticia no les importaba mucho”.

Para el Padre Luft, los estudios no fueron tan fáciles, pero su perseverancia lo llevó a conseguir sus metas. “Nunca fui un gran estudiante. Siempre tenía problemas con el latín y el francés. Me costó un montón, pero después las cosas mejoraron.” Fue así que realizó cuatro años de educación superior en el seminario de Nuestra Señora de la Providencia. Luego, culminó sus estudios de maestría en Teología en el seminario de Santa María en Baltimore, Maryland.  Cuando regresó, fue asignado como diácono coordinador en el seminario y trabajó en un campamento para niños necesitados organizado por la Diócesis en Narraganset. En junio de 1968 fue ordenado sacerdote por el obispo Mc Vinney en la catedral de Providence. “Recuerdo haber estado muy nervioso y feliz. El clima estaba muy muy muy caliente, así que después de la ceremonia y de dar la bendición a todas las personas, fui a casa a descansar. Era el día del entierro de Bobby Kennedy”.

A través de estos 54 años de vida pastoral el Padre Raymond ha sido una bendición para diversas comunidades en las que trabajó. Su primera asignación sorpresivamente fue la parroquia en la que había crecido. “Realmente esa asignación me sorprendió.  El padre Kelley, quien me motivó al sacerdocio, había fallecido exactamente el primer día de mi ordenación sacerdotal.  Pero me reencontré con los parroquianos que me decían: ` ¡Te recuerdo como el niño que traía el periódico y ahora eres todo un sacerdote! ´ Iba a estar sólo por un verano, pero se convirtió en 8 hermosos años”.

En 1976, año en que su madre falleció, fue asignado a la parroquia del Santísimo Sacramento como asistente. Pese a la tristeza que viene con la pérdida de una madre, el Padre Raymond encontró en la fe la fuerza necesaria para continuar con su misión y enfrentar los nuevos retos.

Desde que fue ordenado trabajó también como capellán del Departamento de Bomberos y de la Policía, con quienes aún se mantiene asociado. En 1982 fue asignado a la parroquia de San Patricio en Cumberland. “Frente a la parroquia había una estación de bomberos y cuando sonaba la sirena yo corría velozmente cruzando la calle y me subía al carro junto a los otros”.  Por esta capellanía, fue conocido como “El Sacerdote bombero”.

En 1985 el Obispo Gelineau lo asignó como párroco de la Iglesia de San Juan en Providence. El padre Bob Beirne le pidió permiso para comenzar a celebrar Misas en español en esta parroquia. El Padre Raymond accedió sin saber que eso lo llevaría a enrumbar una nueva aventura. “Un día el Padre Bob me dijo que se iría a su año sabático y que necesitaba que yo celebrara la Misa en español. Yo estuve en shock porque nunca tuve talento para los idiomas. El Padre Bob venia 3 días a la semana o más y pasaba hasta 3 horas enseñándome como pronunciar las palabras de la Misa. Cuando oficialmente se fue, empecé a celebrar la Misa en español”.

En 1990, hace 22 años, fue nombrado administrador de la Parroquia Nuestra Señora de Monte Carmelo y posteriormente párroco. Toda la comunidad de San Juan se trasladó con él debido a que la iglesia se cerró por daños estructurales. Para el Padre Luft fue fácil ganarse el cariño de los feligreses en la nueva comunidad. “El sacerdote anterior era un buen sacerdote, pero algo estricto. Y yo era el `gigante gentil´, así era como me llamaban algunos sacerdotes”.

 Para el Padre Raymond tener una comunidad hispana ha marcado una etapa importante en su ministerio. “Trabajar con los hispanos ha sido una hermosa bendición en mi vida. Ellos me han enseñado la simplicidad de la vida y la apertura a Dios. Cuando pienso en todo lo que muchas de estas personas han pasado tan solo para llegar aquí a los Estados Unidos y comenzar una nueva vida, me dan una gran lección”. Además, mis viajes a Guatemala, Colombia y Puerto Rico realmente me abrieron los ojos. Me emocioné al ver su gran fe a pesar de la pobreza en la que muchos vivían. Cuando hablamos de pobreza aquí en Estados Unidos no es nada comparado a la pobreza en algunos de estos países.”

Cada asignación como sacerdote ha sido considerada por él una bendición.  “Es cierto que siempre hay días duros donde hay que tomar decisiones difíciles. Pero encuentro que cada lugar me ha dado una perspectiva diferente en el sacerdocio y en la vida”.

Hay momentos en su vocación que lo hacen sentir plenamente realizado.         “Una vez estuve triste porque no había sido escogido como párroco de San Patricio en Cumberland. Y mientras celebraba un funeral, oí que alguien me dijo: ´Yo no te ordené para ser sacerdote de San Patricio, Yo te ordené para hacer mi voluntad´ y al instante tuve una completa paz. Yo creo que Dios me habló y su voluntad era traerme a Federal Hill. Me hace muy feliz cuando la gente recibe el sacramento de la penitencia o cuando alguien viene después de Misa y me dice: `cómo es que hoy en la homilía me hablaba a mí personalmente como si supiera por lo que estoy pasando´, y realmente yo no tenía ni idea”. 

El padre Raymond también experimentó en el sacerdocio, como en toda vocación, momentos difíciles. “Lo más difícil probablemente que he tenido que enfrentar es no haber podido dar la absolución ya sea por alguna actitud negativa o porque la persona rechaza el arrepentimiento. También cuando hay personas buenas, pero que, al no estar casadas por la Iglesia, no pueden ser padrinos o ser invitados a la mesa del Señor. No es sencillo que comprendan que no tengo nada en contra de ellos de manera personal”.

Su vida, sin duda, es un ejemplo de fidelidad y perseverancia. Si algún lector está considerando la vocación sacerdotal, preste atención a sus palabras. “El sacerdocio es una manera hermosa de vivir. Claro que hay días en los que tienes algunas frustraciones. ¡Pero cuando puedes hacer tantas cosas en el nombre de Cristo… me sorprende, va más allá de lo que mi mente puede comprender! Pensar que  puedo llevar a Cristo a la persona en el Bautismo, que puedo ayudar a una persona a comenzar a realmente crecer en Cristo mediante la recepción de la Eucaristía, que puedo perdonar a una persona en el nombre de Jesucristo sin importar lo que ha hecho ni cuantas veces lo ha hecho, que tengo el poder de ver como dos personas se entregan a sí mismos en el sacramento del Matrimonio, que puedo llevar la paz de Dios a la persona en peligro de muerte, todo eso me deja sin palabras. ¡Tantas bendiciones! Y El me usa a mí, un instrumento indigno. Cuando eres capaz de dar a Cristo a otra persona es una cosa hermosa. Y cuando la gente comprende lo que se hace por ellos, es aún mejor”

El Padre Luft se ha convertido en el Padre “Love” o “Padrecito Amor” por una tierna falta de pronunciación de la mayoría de sus feligreses hispanos que realmente expresa lo que ha significado para ellos.  El “gigante gentil” tendrá siempre un lugar gigante en el corazón de todos aquellos que lo conocen de cerca. ¡Gracias por todos estos años de servicio fiel y perseverante a Cristo y a su Iglesia!